sábado, 6 de septiembre de 2014

Cómo se realiza el diagnóstico del varicocele

        1.- Mediante la exploración física: palpando el cordón espermático, si se ordena hacer fuerzas (maniobra de Valsalva),  podemos apreciar que las venas del varicocele se ingurgitan, es decir, se hinchan al llenarse de sangre. El médico Abulcansis (936-1013), lo definía como “un racimo de uvas”.

         Si el varicocele es severo, generalmente se acompaña de una disminución en el tamaño del testículo del mismo lado, que puede ser reversible, hasta en un 80%, tras la cirugía –varicocelectomía-.

         2.- Mediante ECO-Doppler: es la prueba diagnóstica más precisa en el diagnóstico de esta patología, ya que es capaz de determinar el reflujo de sangre venosa al realizar la maniobra de Valsalva.


         Será también de interés el realizar un seminograma, sobre todo en aquéllos varones que estén pensando en su próxima paternidad, cara a determinar la calidad del semen (número de espermatozoides, movilidad y forma de los mismos, etc.), y las posibilidades de padecer infertilidad.

Cuál es la verdadera importancia del varicocele

        Con una incidencia en la población general del 15% y del 30% entre los varones que consultan por infertilidad, la importancia real del varicocele lo da el hecho de que puede disminuir la calidad del semen, llegando a ocasionar infertilidad. El mecanismo es desconocido, pero la hipótesis más creíble es que, al haber varices hay más cantidad de sangre y, por lo tanto, más temperatura. Es conocido que los testículos se encuentran en las bolsas escrotales a un grado inferior que la temperatura corporal, y que, para regularse, pueden ascender o descender en el interior de las bolsas. De alguna manera son capaces de autorregular su propia temperatura.


         Pues bien, este aumento de temperatura escrotal, podría afectar a la calidad seminal, e incluso, en grados importantes, puede llegar a disminuir el tamaño testicular.

Hidrocele

Se trata de una colección de líquido que se encuentra alrededor del testículo, pues lo producen dos capas –especie de camisetas- que se sitúan alrededor de él. Por tal motivo fue llamado en la antigüedad “hernia acuosa”. Es el proceso escrotal benigno más frecuente y se calcula que afecta al 1% de los varones.

Se diagnostica con facilidad mediante ecografía. A la exploración física se contempla una bolsa escrotal aumentada de tamaño, tensa, dura y, no dolorosa.

 Se plantea tratarlo, cuando por el tamaño origina molestias o representa un efecto antiestético para el paciente. El tratamiento puede ser pinchar el hidrocele y evacuarlo, mediante aspiración del líquido, e inyectando posteriormente una sustancia que va a ocasionar una reacción inflamatoria de las capas que producen el hidrocele, evitando así la reaparición del mismo. Esta técnica tiene un índice de fracasos del 50%.

La técnica definitiva es la cirugía, en la que se realiza una técnica especial que impide la recidiva del mismo. Puede realizarse con anestesia local y sedación, en régimen ambulatorio (no requiere ingreso hospitalario). En el postoperatorio es frecuente que exista una inflamación importante, dejando el escroto duro (como una piedra), durante un tiempo variable, pero que puede, incluso, sobrepasar el mes.

Torsión testicular

¿En qué consiste?

         Es la causa más frecuente, en la infancia, de urgencia testicular. Como su nombre indica, es la torsión, el giro del cordón espermático –conducto que sale del testículo, y que tras un recorrido inguinal y posteriormente intraabdominal, va a llevar los espermatozoides hasta la próstata y uretra-, estrangulando a la arteria espermática y, por lo tanto, impidiendo que llegue la sangre arterial al testículo (produciéndose isquemia) con el consiguiente infarto de éste último. El pronóstico –de ahí la urgencia-, dependerá del tiempo de isquemia antes de su diagnóstico y tratamiento.

¿Cómo se manifiesta?

         Fundamentalmente, con un dolor agudo, a nivel del testículo afectado, e importante afectación debida al malestar persistente.

¿Se puede tratar?


         En ocasiones, puede lograrse la detorsión mediante manipulación, pero lo más frecuente es que precise tratamiento quirúrgico. En aquéllos casos en los que se haya llegado tarde, y el testículo no recupere la vitalidad, será preciso su extirpación.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Dieta rica en tomate: o cómo prevenir el cáncer de próstata

El tomate es una de las hortalizas estrella de nuestra alabada dieta mediterránea. Estudios recientes han determinado, por ejemplo, que el sofrito de tomate protege nuestro corazón y que triturado ayuda a reducir el colesterol. Y ahora también podría convertirse en un arma eficaz para prevenir el cáncer de próstata.
 
Una nueva investigación de las universidades de Bristol, Cambridge y Oxford ha determinado que comer diez porciones de tomate a la semana (fresco, triturado, en cremas, salsas, etc.), reduce en un 18% el riesgo de desarrollar un tumor de próstata.
 
Para llegar a esta conclusión, los investigadores hicieron un seguimiento de la dieta y el estilo de vida de 1.806 hombres de entre 50 y 69 años con cáncer de próstata y lo compararon con 12.005 hombres libres de esta enfermedad.
 
El estudio, publicado en la revista médica «Cancer Epidemiology, Biomarkers and Prevention»,  es el primero de su tipo que plantea unas indicaciones dietéticas frente al cáncer de próstata, basado en tres elementos: selenio, calcio y alimentos ricos en licopeno, un antioxidante que lucha contra las toxinas que causan daño celular y en el ADN.

Así, los hombres que mantenían una ingesta óptima de estos tres componentes tenían un menor riesgo de desarrollar este tipo de tumor. Pero fueron los tomates y sus derivados, con un alto contenido en licopeno, los que demostraron un mayor beneficio, con una disminución del riesgo de hasta el 18%.